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Hoy vamos a hablar sobre uno de los elementos más importantes para conseguir una interpretación de calidad. Muchas veces el público en general critica al intérprete porque “lo ha hecho mal”, porque “no se entendía lo que estaba diciendo”…y puede ser verdad, el intérprete puede fallar, aunque bien es cierto que lo que el público muchas veces no ve es la calidad del orador, el mensaje que le llega al intérprete para que este lo traduzca.

Y es que no son pocas las veces en las que aquellos que nos dedicamos a este oficio nos hemos encontrado con una persona que no sabe articular un discurso. Vamos a ver algunos de los principales “pecados capitales” que no debe cometer un buen orador:

- Termina las frases: Al igual que para un intérprete dejar una frase sin acabar es un error mortal, lo mismo ocurre para un orador. Las oraciones han de ser como nos enseñaron en la escuela: Sujeto + Verbo + Predicado. Pues bien, muchas veces esto se nos olvida, y volvemos loco al intérprete intentando encontrar el sentido a las frases.

- Las ideas claras: El bombardeo de ideas está bien cuando se hace un “braim storming”, pero no cuando se está dando un discurso. La coherencia, el hilo del discurso, tiene que ser algo claro y fluido. Si no es muy fácil perderse.

- Dí no a las metralletas: Hay personas que cuando hablan, lo hacen de una manera tan atropellada que es imposible saber de lo que están hablando. Ante estos casos, tanto para el orador como para el intérprete, una palabra: tranquilidad. Aquí es mejor que el intérprete de un pasito atrás, se quede escuchando y luego intente resumir lo que esa persona intentaba decir.

- Nosotros no tenemos el papel delante: ¿Cuántas veces nos ha ocurrido que al orador le da por sacar un papelito y decir…”según lo que aparece en este documento, que es la Ley 153 del año 2008, todas las partes interesadas en realizar el contrato bla bla bla…” y lee media página de una ley, o de cualquier otro texto a una velocidad supersónica que nadie es capaz de entender, ni mucho menos aquellos que lo están traduciendo.

- No te oye ni el cuello de tu camisa: Cierto es que normalmente eso no nos pasa a los españoles, ya que, con diferencia, somos los que más alto hablamos, junto con nuestros amigos italianos y griegos. Hace poco estuve interpretando en una reunión con marroquíes a los que era imposible escucharlos. Esta vez no era con cabina, era con equipo portátil, y os aseguro que, aún pidiéndoles y rogándoles que subieran el tono, era imposible escucharles.

- Deja los chistes y los refranes para cuando acabe el evento: Hay dos cosas que nos rompen el ritmo a los intérpretes: las cifras (ya hablaré de ello en otra ocasión)  y cuando un orador cuenta un chiste o un refrán. Pues bien, ya sabemos que los chistes son muy difíciles de traducir. Cuando alguien cuenta uno, tú intentas irte por la tangente para seguir con lo importante del discurso y no quedarte pensando en cómo demonios traduces ese chiste, mientras se te escapa el resto del discurso. Pero…¿cuántas veces ha ocurrido que, intentando esconderte en el ritmo propio de la traducción, el orador se detiene y dice: “ja ja ja ja, ¿le has traducido el chiste? venga, venga?” A ver qué haces ahí. Igual ocurre con los refranes…

Hay que decir que no todo el mundo es así. En absoluto. Hay gente a la que da gusto interpretar, que sabe que la están interpretando y hace el esfuerzo de llevar un ritmo normal, de hablar con claridad, de vocalizar, de no utilizar expresiones difíciles…eso siempre se agradece. Hace unas semanas estuvimos en unas conferencias con una persona así. Pendiente en todo momento de los intérpretes, explicando cualquier giro idiomático que hacía, explicando los refranes que decía….una delicia, desde luego. Porque…bien es cierto que la interpretación en muchas ocasiones mejora el discurso original.

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2 Respuestas a El orador ideal (o cómo no debería ser un orador)
  1. Normalmente, suele suceder que en Asambleas Parlamentarias como las de la OSCE y el Consejo de Europa o en los Plenos del Parlamento Europeo, los diputados hayan preparado un discurso largo y denso. La mayoría intentan leerlo lo más rápido posible porque el tiempo es limitado (a veces, dos o tres minutos por orador). No tienen en cuenta que la interpretación es un trabajo oral, no escrito, y que cuando se combinan tres factores: alta velocidad, discurso escrito y fuerte acento, el trabajo del intérprete se hace muy difícil y la calidad baja.

    • Daniel Sánchez Reinaldo 19/11/2012 a las 15:34:35 Responder

      Totalmente cierto. No obstante sí que hay oradores que tienen en cuenta que se les está interpretando y te hacen el trabajo un poquito más fácil. Otros no y ahí, como bien dices, la calidad baja. ¡Un saludo!


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